lunes, 30 de enero de 2017

Las feministas son poco atractivas, los hombres no las prefieren y Dios no las quiere.



Lo dice la ciencia, los hombres se sienten más atraídos por las mujeres normales que por las feministas. Hay un sinfín de razones que lo corroboran, de hecho las pruebas superan los umbrales de la evidencia. Es una de esas verdades absolutas que nadie se atrevería a discutir.

Además todas las lesbo-terroristas son anti-teístas, mucho peor, odian a Dios y a los creyentes como usted y yo, porque saben que Él no tolera su sucio comportamiento y que llegado el momento las juzgará como está escrito.

A los hombres cristianos les gustan más las mujeres con voz afrancesada y no las machorras con dicción de camionero. Nos atraen las féminas que se depilan, nos enamoran las damas bien vestidas, nos provoca más una mujer con ropa, que una en toples.

Lo que causa indignación es que nos quieran hacer creer que un factor biológico natural como lo es la heterosexualidad, sea para ellas una imposición, una construcción social cuyo objetivo sea el de oprimir al género femenino. Esto no tiene sentido alguno. 

A tod hombre lo somete más unos tacones que unas zapatillas sucias, le seduce más Audrey Hepburn que la mujer barbuda, les gusta más una chica lista y trabajadora, que una sabelotodo adicta al trabajo, le enternece más una señora con instinto maternal, que una hedonista con alergia a los niños.

En definitiva, y por mucho que se empeñe la dictadura de lo políticamente correcto, las mujeres normales son infinitamente más atractivas que las fanáticas feminazis.