Seamos sabios: temamos a Dios

Muchos seguidores me han consultado por correo, a que nos referimos cuando decimos que tenemos que ser temerosos de Dios. Para ser sincero la biblia lo dice a cada momento, debes ser sabio, seguir su palabra, ya sea en tus pensamientos como en tus palabras como en la obra que realices.

Es simple, si no sigues su palabra toda la ira será contra ti y morirás como faraón. Temerle, es respetarle, amarle sinceramente, cuando leas la biblia, pide: espíritu santo iluminame para entender tu palabra.



“El temor de Jehová es el comienzo de la sabiduría.” (PROVERBIOS 9:10.)

1.- HUBO un tiempo en el que decir que alguien temía a Dios era un halago. Hoy día, muchas personas consideran que temer a Dios es un concepto curioso. Sin embargo, les cuesta entender qué significa. Quizá razonen: “Si Dios es amor, ¿por qué hay que temerle?”. Solo conciben el temor como un sentimiento negativo, incluso paralizante. Sin embargo, el auténtico temor de Dios tiene un significado mucho más amplio y, como veremos, es más que una simple emoción.

2.- En la Biblia, el temor de Dios se presenta como un concepto positivo (Isaías 11:3). Es un sentimiento de profunda reverencia y respeto a Dios, un intenso deseo de no desagradarle (Salmo 115:11). Conlleva aceptar y seguir cuidadosamente las normas morales divinas; también implica querer hacer las cosas teniendo presente lo que es bueno o malo a los ojos de Jehová. Una obra de consulta define ese sano temor de esta manera: “Es una actitud fundamental para con Dios que lleva a comportarse sabiamente y a evitar cualquier forma de maldad”. Con toda razón, la Palabra de Dios nos dice: “El temor de Jehová es el comienzo de la sabiduría” (Proverbios 9:10).

3.- En realidad, el temor de Dios abarca una amplia gama de aspectos. No solo está enlazado con la sabiduría, sino también con el gozo, la paz, la prosperidad, la longevidad, la esperanza y la confianza (Salmo 2:11; Proverbios 1:7; 10:27; 14:26; 22:4; 23:17, 18; Hechos 9:31). Se relaciona estrechamente con la fe y el amor. De hecho, tiene que ver con toda faceta de nuestra relación con Dios y el semejante (Deuteronomio 10:12; Job 6:14; Hebreos 11:7). Incluye la profunda convicción de que nuestro Padre celestial se interesa por nosotros y está muy dispuesto a perdonar nuestras faltas (Salmo 130:4). Por lo tanto, los únicos que deben tenerle miedo a Dios son los malvados que no se arrepienten (Hebreos 10:26-31).

Aprendamos a temer a Dios.

Rey David



4.- Puesto que el temor de Dios es fundamental para tomar decisiones sabias y para contar con la bendición divina, ¿cómo podemos “aprend[er] a temer a Jehová”? (Deuteronomio 17:19.) En las Escrituras hallamos muchos ejemplos de hombres y mujeres que temieron a Dios, ejemplos que sirven “para nuestra instrucción” (Romanos 15:4). A fin de entender bien lo que significa temer a Dios, meditemos en la vida de uno de tales personajes: el rey David del antiguo Israel.

5.- A diferencia del primer rey de Israel, Saúl, a quien Dios rechazó por temer al pueblo y no a Él, David fue un hombre temeroso de Dios (1 Samuel 15:24-26). Así lo demuestran su vida y su estrecha relación con Jehová. Desde muy joven pastoreaba las ovejas de su padre, y las noches que pasó bajo las estrellas sin duda le enseñaron a temer a Jehová (1 Samuel 16:11). Aunque apenas pudo contemplar una pequeña parte de la inmensidad del universo, llegó a la conclusión correcta: Dios merece nuestro respeto y adoración. Más tarde escribió: “Cuando veo tus cielos, las obras de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has preparado, ¿qué es el hombre mortal para que lo tengas presente, y el hijo del hombre terrestre para que cuides de él?” (Salmo 8:3, 4).

6.- En efecto, David se sentía impresionado al comparar su propia pequeñez con los inmensos cielos estrellados. Pero en vez de atemorizarlo, este hecho lo impulsó a alabar a Jehová y decir: “Los cielos están declarando la gloria de Dios; y de la obra de sus manos la expansión está informando” (Salmo 19:1). Ese sentimiento de reverencia lo acercó más a Jehová y le infundió el deseo de aprender sus caminos perfectos y seguirlos. Imaginemos cómo se sentía cuando elevó esta canción a Jehová: “Tú eres grande y estás haciendo cosas maravillosas; tú eres Dios, tú solo. Instrúyeme, oh Jehová, acerca de tu camino. Andaré en tu verdad. Unifica mi corazón para que tema tu nombre” (Salmo 86:10, 11).

7.- Cuando los filisteos invadieron Israel, su imponente guerrero Goliat —de unos tres metros de altura— desafió a los israelitas. En esencia, les dijo: “¡Tráiganme un hombre que luche conmigo! Si él me gana, nosotros les serviremos” (1 Samuel 17:4-10). Saúl y todo su ejército se aterrorizaron, pero David no. Él sabía que es a Jehová a quien hay que temer, y no a ningún hombre, por poderoso que sea. David le dijo a Goliat: “Yo voy a ti con el nombre de Jehová de los ejércitos [...]. Y toda esta congregación sabrá que ni con espada ni con lanza salva Jehová, porque a Jehová pertenece la batalla”. Con su honda y una sola piedra —y, sobre todo, con la ayuda de Jehová—, David derribó al gigante (1 Samuel 17:45-47).

8.- Quizá nosotros estemos afrontando obstáculos o enemigos tan imponentes como los que afrontó David. ¿Qué podemos hacer? Podemos encararlos del mismo modo que David y otros fieles de la antigüedad: temiendo a Dios. Así es, el temor de Dios vence el temor al hombre. Nehemías, otro siervo fiel, dirigió esta exhortación a sus hermanos israelitas, quienes se veían hostigados por sus adversarios: “No tengan miedo a causa de ellos. Tengan presente a Jehová el Grande y el Inspirador de temor” (Nehemías 4:14). Con el apoyo divino, David, Nehemías y otros siervos de Jehová leales lograron cumplir su comisión. Y si tememos a Dios, nosotros también lo lograremos.

El temor de Dios nos ayuda a afrontar los problemas


Afrontando los problemas - David versus Goliat

9.- Después de que David mató a Goliat, Jehová le otorgó más victorias. Saúl, celoso, intentó asesinarlo, primero impulsivamente, luego con astucia, y por último con un ejército. Aunque Dios le había asegurado a David que lo haría rey, durante años este tuvo que huir, luchar y esperar hasta que Jehová le diera el trono. Y en todas estas circunstancias, siempre mostró que temía al Dios verdadero (1 Samuel 18:9, 11, 17; 24:2).

10.- En cierta ocasión, David se refugió en los dominios de Akís, rey de la ciudad filistea de Gat, la misma ciudad donde Goliat había nacido (1 Samuel 21:10-15). Entonces, los siervos del rey lo acusaron de ser un enemigo de la nación. ¿Qué hizo David en aquella peligrosa situación? Oró con fervor a Jehová (Salmo 56:1-4, 11-13). Para escapar, tuvo que fingir que estaba loco, pero él sabía que era Jehová quien lo había liberado al bendecir sus actos. Su confianza absoluta en Él demostró que verdaderamente era un hombre temeroso de Dios (Salmo 34:4-6, 9-11).

11.- Al igual que David, nosotros podemos demostrar que tememos a Dios. ¿De qué manera? Confiando en su promesa de ayudarnos cuando atravesamos dificultades. “Haz rodar sobre Jehová tu camino, y fíate de él, y él mismo obrará”, escribió David (Salmo 37:5). Ahora bien, eso no significa que en vez de hacer lo posible por resolver nuestros problemas, se los dejemos a Jehová para que él se encargue de ellos. Después de pedirle ayuda a Dios, David no se quedó cruzado de brazos. Más bien, empleó las capacidades físicas y mentales que Jehová le había dado y afrontó el problema. Sin embargo, sabía que el ser humano no puede depender únicamente de sus propias fuerzas. Y así es como nosotros debemos verlo. Una vez que hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance, tenemos que dejar el resto en manos de Jehová. La verdad es que, muchas veces, lo único que podemos hacer es confiar en él. Entonces es cuando el temor de Dios se convierte en algo mucho más real para nosotros. Sin duda, estas sinceras palabras de David resultan muy alentadoras: “La intimidad con Dios pertenece a los que le temen” (Salmo 25:14).

12.- Por consiguiente, debemos tomar muy en serio nuestras oraciones y nuestra relación con Dios. Cuando acudimos a Jehová, hemos de “creer que él existe y que llega a ser remunerador de los que le buscan solícitamente” (Hebreos 11:6; Santiago 1:5-8). Y cuando nos ayude, debemos ‘mostrarnos agradecidos’, como aconsejó el apóstol Pablo (Colosenses 3:15, 17). Por ello, que nunca tengamos la actitud de ciertas personas, a las que un experimentado cristiano ungido describió así: “Para ellos, Dios es una especie de camarero celestial. Cuando necesitan algo, quieren que con un simple gesto de la mano, él acuda en su ayuda. Y una vez que obtienen lo que quieren, desean que se vaya”. Sin duda, esa actitud revela falta de temor a Dios.


Cuando el temor de Dios no guía nuestros pasos


Traslado del arca del pacto de Jerusalén

13.- David recibió la ayuda divina en momentos de angustia, y eso hizo que se profundizaran su temor a Jehová y su confianza en él (Salmo 31:22-24). Sin embargo, hubo tres ocasiones en particular en las que su temor de Dios se debilitó, lo que acarreó graves consecuencias. La primera fue cuando se trasladó el arca del pacto a Jerusalén. En lugar de llevarla sobre los hombros de los levitas —como la Ley de Dios estipulaba—, se utilizó un carruaje. Cuando Uzah, quien iba conduciéndolo, agarró el Arca para estabilizarla, murió en ese mismo instante por su “acto irreverente”. Es verdad que Uzah cometió un grave pecado, pero al fin y al cabo, el trágico suceso se produjo porque David no mostró el debido respeto a la Ley de Dios. Como vemos, temer a Dios significa hacer las cosas como él manda (2 Samuel 6:2-9; Números 4:15; 7:9).

14.- La segunda ocasión fue cuando Satanás lo incitó a contar a los soldados israelitas (1 Crónicas 21:1). Al hacerlo, David evidenció que su temor a Dios se había debilitado, y su acción provocó la muerte de 70.000 personas. Aunque se arrepintió ante Dios, tanto él como el pueblo sufrieron amargas consecuencias (2 Samuel 24:1-16).

15.- Una tercera pérdida temporal de su temor a Dios llevó a David a tener relaciones inmorales con Bat-seba, la esposa de Urías. Él sabía que cometer adulterio, o siquiera desear la esposa de otro hombre, constituía un pecado (Éxodo 20:14, 17). El problema comenzó cuando David vio a Bat-seba bañándose. El temor de Dios debería haberlo impulsado a apartar inmediatamente la vista y pensar en otra cosa. En cambio, parece que “sigu[ió] mirando” hasta que su pasión fue más intensa que su temor a Dios (Mateo 5:28; 2 Samuel 11:1-4). Perdió de vista que Jehová debía estar presente en todo aspecto de su vida (Salmo 139:1-7).

16.- Como resultado de su relación inmoral, David y Bat-seba tuvieron un hijo. Poco después, Jehová envió a su profeta Natán para enfrentar al rey con su pecado. Tras recobrar el juicio, David volvió a temer a Dios y se arrepintió. Le suplicó a Jehová que no lo abandonara ni le quitara su espíritu santo (Salmo 51:7, 11). Aunque Jehová lo perdonó y suavizó el castigo, no lo libró de sufrir las terribles consecuencias de sus actos. Su hijo murió, y la angustia y la desgracia acompañaron a su familia a partir de entonces. ¡Qué precio tan alto por no temer a Dios! (2 Samuel 12:10-14; 13:10-14; 15:14.)

17.- Hoy día, no temer a Dios en asuntos de índole moral también puede tener repercusiones graves y de largo alcance. Imaginemos cómo se sintió una mujer joven al enterarse de que su esposo cristiano le había sido infiel cuando estuvo trabajando en el extranjero. Abrumada por el dolor y la incredulidad, hundió el rostro entre sus manos y rompió a llorar. ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que vuelva a respetar a su esposo y a confiar en él? Si verdaderamente tememos a Dios, nos libraremos de tan amargas consecuencias (1 Corintios 6:18).

El temor de Dios nos aleja del pecado


18.- Satanás está logrando que los valores morales de este mundo se desmoronen con rapidez. Su principal objetivo es corromper a los cristianos verdaderos, por lo que utiliza la ruta más directa para llegar a nuestra mente y corazón: a través de los sentidos, sobre todo la vista y el oído (Efesios 4:17-19). Por eso, ¿cómo reaccionará usted cuando, sin esperarlo, se tope con imágenes, palabras o personas inmorales?

19.- Pensemos en Andrés, un anciano cristiano que es padre de familia y trabaja como médico en Europa. Cuando estaba de guardia toda la noche en el hospital, algunas compañeras lo invitaban a acostarse con ellas dejándole en su almohada notas con corazones dibujados. Pero Andrés rechazó de plano tales proposiciones. Lo que es más, cambió de trabajo para alejarse de ese ambiente inmoral. En efecto, su temor de Dios lo impulsó a actuar sabiamente. Y como resultado, obtuvo muchas bendiciones, pues hoy sirve a tiempo parcial en la sucursal de los testigos de Jehová de su país.

20.- Cuando alguien se recrea en malos pensamientos, llega a un estado mental en el que está dispuesto a tirar por la borda su valiosísima relación con Jehová a fin de obtener algo a lo que no tiene derecho (Santiago 1:14, 15). Por el contrario, si tememos a Jehová, nos mantendremos apartados y hasta nos alejaremos de las personas, lugares, actividades y diversiones que puedan hacernos bajar la guardia en sentido moral (Proverbios 22:3). Puede que pasemos vergüenza o tengamos que hacer algún sacrificio, pero eso no es nada en comparación con perder el favor de Dios (Mateo 5:29, 30). Desde luego, temer a Jehová también significa no exponerse adrede a ningún tipo de inmoralidad, como la pornografía en todas sus formas. Más bien, debemos hacer que nuestros ojos “pasen adelante para que no vean lo que es inútil”. Si así lo hacemos, podemos estar seguros de que Jehová ‘nos conservará vivos’ y nos dará todo lo que en verdad necesitemos (Salmo 84:11; 119:37).

21.- No cabe duda: dejar que el temor de Dios guíe nuestros pasos es siempre lo más sabio. Y también es lo que nos hace verdaderamente felices (Salmo 34:9).

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