lunes, 17 de marzo de 2014

Un testimonio apasionante. ¿Puede un gay convertirse en cristiano?




William Faber, de 18 años, era como cualquier otro hombre joven haciendo la transición de la secundaria a la universidad. Robusto, viril y apasionado, emocionado por extender sus alas y volar de su casa, pronto para conquistar el éxito y el dinero anhelado para vivir la vida que siempre soñó. Pero como la mayoría de los hombres jóvenes, Faber también tenía cierta incertidumbre en algunas cosas. Su incertidumbre no estaba en elegir una buena universidad, o si dejar a su novia del secundario para mudarse de ciudad o las cosas comunes que afectan a nuestros jóvenes.

Faber luchaba con un demonio de angustia mental mayor: la homosexualidad.

En su pubertad la sexualidad de Faber fue sometida a una dura decisión, el decidió seguir el camino de la homosexualidad que nosotros, las generaciones mayores no podemos entender. Pero a nuestros jóvenes le presentan esta opción de una manera tan flagrante y acogedora a través de los medios de televisión, música, periódicos y revistas e incluso en los rincones secretos de los vestuarios que Faber se encontró en secreto y casi sin quererlo participando de ese estilo  de vida pecaminoso.

En una edad donde su instinto natural debería haberlo guiado a la búsqueda de todas las mujeres posibles, Faber sufrió en silencio: se había caído al infierno de la homosexualidad debido a la trampa puesta por años de política liberal y su fijación de atraer hombres y mujeres jóvenes a caer en este estilo de vida peligroso.

Faber se identificaba como gay ante sus "amigos del closet", pero en el fondo él tenía otro secreto: él estaba luchando con el cristianismo. Faber fue expuesto a la Biblia por algunos amigos que estaban tratando de salvarlo de la Agenda Homo-Gay mediante sus oraciones y la revelación de las Escrituras como Levítico 18:22 y mi favorito en la materia, Levítico 20:13.

El adolescente gay William Faber, pasaba el día y la noche preocupado porque quería ser cristiano, pero pensaba que perdería a todos sus fabulosos amigos en caso de convertirse completamente a la moral de Dios. Pero suaves susurros del mismísimo Dios en sus oídos no lo dejarían solo nunca, él podía sentir que en el fondo era cristiano, y que cambiaría para siempre su "círculo social" muy bien mantenido y apreciado.

Cuanto más  escuchaba a sus amigos y más leía las publicaciones de nuestra iglesia más se daba cuenta de una verdad que nacía en sus entrañas y cada vez afloraba más:

En el fondo, era un fundamentalista, un cristiano conservador.

Faber sabía que si le decía eso a sus amigos gays, ellos ya no estarían interesados ​​en mantenerlo en su "estrecho círculo social”.

Para un homosexual, el "círculo social" es algo más que una frase. Es una insinuación de su estilo de vida, un pacto por la parte trasera del cuerpo que les hace pecadores al tiempo que forja lealtad.

Los grupos de amigos gays suelen armar  “rituales” donde juran lealtad los unos a los otros. Ellos se turnan para empujar su pene en otro miembro del "círculo social", y luego le dicen a los ajenos al grupo que tienen una “amistad profunda” mientras se guiñan un ojo el uno al otro todo el tiempo en señal de complicidad.

El ritual nos parece extraño, promiscuo e incluso desagradable a nosotros los foráneos, pero para Faber y sus amigos, el pacto de amistad se sella con tales payasadas. Romper el pacto tiene consecuencias muy serias, es visto como desertar del ejército o como que un padre en un momento de necesidad no esté disponible para cuidar de su familia.

En su interior Faber reflexionaba "no sé lo que me está pasando", "me ciego con estos extraños impulsos a veces, y de repente me dan ganas de ir a escondidas de mis amigos a un servicio de la iglesia, o a censurar libros en la biblioteca de la escuela”.

Faber contó que salió de su adolescencia a los 14 años, cuando admitió que un viejo episodio de Will y Grace le dio la confianza para probar un novio.



El cajón de Faber: el choque entre la vergüenza y el arrepentimiento

El cajón de los calcetines de Faber revela su lucha interna entre la homosexualidad y el ser cristiano. Los aceites corporales de Faber y sus excepcionalmente rígidos calcetines contrastan fuertemente  con su Biblia. La gran cantidad de revistas sucias revelan una vida de masturbación, que en el 99% de las veces significa que un cristiano cayó en la homosexualidad. Esto puede ser superado mediante la oración y con una buena esposa o novia cristiana.

"Yo era joven y la televisión me dijo que estaba bien probar. Es decir que era normal. Así que lo probé ", confesó entre lágrimas Faber.

Pero a través de los años, cierto instinto y el deseo de ser normal de Faber, de tener una familia y conocer los placeres que una mujer puede entregar, salieron a la superficie. Cada vez que pasaba por una iglesia, sentía un vehemente deseo de entrar.

Pero el distanciamiento social que implicaría y el acoso al que lo someterían los liberales en Facebook que lo discriminarían por abandonar la homosexualidad era algo que no podía soportar siquiera pensar.

"Es como si ni siquiera supiera quién soy" nos dijo el adolescente asustado. "Mantener esta obsesión secreta con un dogma radical a escondidas de mis padres, maestros y compañeros de secundaria me está destrozando."

Faber estaba preocupado de que su vida homosexual a una edad tan temprana lo hubiese condenado para siempre, pero gracias a la confesión pública de varios políticos cristianos, Faber se enteró de que uno o dos paseos en los campos de la homosexualidad no te hacen una mala persona, si te comprometes a trabajar el doble contra dicha conducta.

2 comentarios:

Diego dijo...

Eres... ¿quién eres?

Roul F. dijo...

Menos mal esta alma del señor volvió al camino de la rectitud. ¿Habrá esperanza para todos los demás?